Los besos del ayer.

Y los besos del ayer me recordaron lo amargo que es el olvido cuando se trata de dejar atrás a quien aún quieres en tus días, a quien imaginabas posándose en en tu cama en un amanecer.

Y los besos del ayer, no me dejan besar y ver nuevos mundos en ojos de otras personas que posiblemente hoy estén dispuestas a todo por alguien como yo… No todo siempre será correspondido, unas cuantas veces lo he vivido, pero sólo esta vez contigo lo he aprendido.

-Alejandra Santibañez.

 

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Y me di cuenta, que para que tú me quisieras como yo te quería, era necesario volver a nacer. Y aunque esa idea loca de querer devolver el tiempo y querer cambiar las cosas fuese algo incompleta, día a día seguía deseando que todo hubiera sido diferente. Si tan sólo… -Decía al pensar en todo lo que había perdido por actuar al ritmo del corazón.- todo hubiera sido diferente. Porque a mis días sólo le faltan él, su tenue figura que se posaba en frente de mí, su sonrisa tan inocente, sus ojos llenos de amor, sus chistes que para nada buenos eran, pero que con algo de suerte lograba hacerme reír como una loca.

Ahora mis días son solo días que pasan y con ellos su recuerdo. Y aunque poco a poco le empiezo a olvidar, a recordar un poco menos, aún guardo la esperanza de que en verdad me quiso aunque sea un poquito como yo le quise a él.

Y pensar que todo fue mentira, que solo actuó al son del deseo y que una aventura buscaba, que quería implantar toda su lujuria en mi cuerpo, que quería recorrer esquina a esquina este lugar, este templo. Y pensar que también yo soñaba lo mismo y que quizá nos habríamos podido haber complementado. Él habría llenado sus vacíos y yo habría hecho el amor con alguien a quien yo realmente quería.

-Alejandra Santibañez.

Que repentina fue nuestra forma de empezarnos a querer. Un día sólo eramos dos desconocidos y al otro día ya eramos dos jóvenes que naufragaban en las curiosidades. Jugando a ser amantes; y tú, causante de mis letras, de mis tenues letras que desafían al destino e intentan sellar el pasado con un par de cálidos besos dispuestos a crear una llama que encienda todo aquello que crees que está encendido y que tan solo es un frío espejismo de lo que existió en un ayer.

Mira que todo lo que soy ahora lo soy para ti (y por ti). Te llamaría “amor” pero tal parece ahora hay algo más fuerte que aquello y es el “destino”.

-Alejandra Santibañez.

Todo es cuestión de saber cuando sí y cuando no; pero cuando se trata de tú y yo, y solo de tú y yo, pareciera que siempre todo fuera un repentino “tal vez”. Un intermedio de palabras, donde no existe una respuesta clara, sin señales y sin esperanza. Aclárame las dudas y dime tú qué sientes por mí, porque yo cariño, estoy entre la incertidumbre del querer, ven y dime que me quieres, que me quieres para tus mañanas, para amanecer juntos entre las sabanas, que me quieres para ser parte de tu vida. Ven para crecer juntos como personas, juntos, así. Así sin marcha atrás y de la mano, o posiblemente; del corazón.

-Alejandra Santibañez.

He querido sembrar paz y esperanza en tu mente, pero cada vez que intento hacerte más fuerte me hundo yo en tus ojos como si de miel se tratase, “muero por besarte una vez más” ¿a caso tú no me quieres? besame ahora, estamos a tiempo de empezar una nueva historia.

Sentimientos.

Estoy un poco triste y muerta a la vez. Quisiera vaciar mi alma en palabras, pero no puedo. No puedo sacudir la magia que se ha atado a mi imaginación la cual me hace delirar y soñar(te). Estoy entre los susurros que trae el viento consigo mismo y entre los susurros que trae el futuro aún no vivido. Estoy aquí en casa tan vacía y tan solitaria como en una noche de noviembre; escondida entre versos y un poco más que esto…

-AlejandraSantibañez.

Conocí a alguien.

Me hacía embellecer los días con una carcajada. Dentro de esas miradas que él me ofrecía con su seño fruncido se escondía una gran ternura, me envolvió los pensamientos con cada extremo de su sonrisa, anhelaba besarla y bajo la luz de la luna rodeados de todas las maravillas de Dios él me besó. Antes me preguntaba en las noches antes de dormir: ¿Cómo sería besarle? Pensaba qué se sentiría… Después de aquella vez nos vimos otras más; salimos juntos al parque, caminamos de la mano, sonreímos demasiado, nuestras miradas interactuaron, nuestros labios se buscaron, nos abrazamos fuertemente, analizamos las mismas cosas, y sentimos una fuerte conexión entre nuestros cuerpos.

Lastimosamente aquí estoy escribiéndole entre páginas escondidas que nunca serán reveladas, o por lo menos, que él nunca verá. Quisiera susurrarle al oído que yo también le quiero…

-AlejandraSantibañez.